MITSUBISHI MONTERO T3 ARC DAKAR

MITSUBISHI MONTERO T3 ARC DAKAR

Parece fácil. El Montero llega cruzado a una rampa en curva y pasa atravesado entre los árboles. Rápida reducción, ligero balanceo y cambia el deslizamiento hacia el otro lado para encarar una recta. A tope.

Un metro antes de un salto, frenada a fondo, nuevo balanceo y unos toques al freno con el pie izquierdo para modular el derrapaje sin levantar el pie del acelerador. Así pilota un campeón de España de Rallyes Todoterreno. Ya un dakariano.

Exactamente como lo he hecho yo antes que él (es un decir), llevando a un navegante de lujo como el propio Diego Vallejo en el asiento caliente del copi. Ya le echa valor. Pero Diego no se inmuta. Ha aprendido a confiar en su piloto –tras una temporada completa y tras un Dakar, Rubén Gracia es uña y carne con su montura– y cualquier otro ritmo es para él un simple paseo. Pero llevar un par de Campeonatos de España en el palmarés no es garantía de nada en la gran carrera americana. Ni siquiera nueve Campeonatos del Mundo.

Que le pregunten a Loeb. El Dakar le apaga los humos a cualquiera. Tener buenas manos para el pilotaje es, sin duda, una buena base, pero pronto se descubre que es tanto o más importante la navegación, cuidar la mecánica, no cometer errores. Y aprender a decidir dónde atacar y dónde vale la pena sacrificar las ganas. En esta carrera, el mayor error es arriesgar. ¿Pero quién se resiste? La mejor prueba de que Rubén Gracia y Diego Vallejo hicieron bien su trabajo en el primer Dakar del piloto madrileño está en su propio coche.

El Mitsubishi Montero T3 preparado por ARC Racing y MiraCar está prácticamente intacto tras su aventura, que se saldó con un 2º puesto en la categoría. Apenas algún punto de soldadura para reforzar parte de la fatigada estructura posterior y un palier cambiado. Ni un pinchazo.

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