Madame de Pompadour

Madame de Pompadour

En 1745, apenas un año después de ser presentada al rey Luis XV de Francia, a Jean Antoine Poisson le concedieron el título de marquesa de Pompadour. Desde mucho antes, ella gobernaba Francia. Su imperio duró casi dos décadas. Realizó coaliciones y firmó acuerdos, instigó conflictos, promulgó leyes que se gestaron siguiendo al pie de la letra sus deseos. Utilizó la firma del rey de la misma manera y con igual naturalidad con que usaba sus aposentos reales para revolcarse con aquel real asno, de quien se había convertido en amante principal.

Le fascinó no solo con sus encantos físicos, sino también intelectuales, lo que no deja de ser un mérito teniendo en cuenta que el rey era de conversación escasa y, mentalmente, de luces más bien moderadas. Ella protegió a Voltaire y propició la publicación de La Enciclopedia, que llevaba implícitas Las ideas disolventes que poco tiempo después acabarían con el predominio de la nobleza y el poder absoluto de la monarquía, pues era una obra que contenía el germen revolucionario que concluyó, en 1789, tomando forma contundente de guillotina. Madame de Pompadour apoyaba las artes y las ciencias y jugaba entre las sábanas del rey, se dejaba acariciar el oído por los filósofos enciclopedistas en los salones palaciegos, rebosantes de mármoles, espejos y maderas preciosas repujadas en oro… La belleza de esta mujer excepcional se reflejaba, en los ángulos abigarrados y magníficos de la corte, en añicos de luz violenta.

La Enciclopedia, no solo contenía las ideas de Descartes, Espinoza o Newton, sino que llevaba una simiente que, envuelta en la cáscara de La Razón, no tardaría mucho en convertirse en una cuchilla afilada. Madame de Pompadour murió en 1764, logrando que su amante, el libidinoso Luis XV, soltará alguna lagrimita al paso de su cortejo. Cuando le comunicaron la noticia de su muerte, Voltaire murmuró: “era una de los nuestros…” Nadie duda que, de haber vivido lo suficiente, la poderosa amante de Luis XV, que además tuvo unos amigos muy interesantes, seguramente habría terminado con el cuello debajo de Madame Guillotine, el afilado invento que acabó con Luis XVI (el nieto del amante de Pompadour), con su esposa María Antonieta, y con casi toda la nobleza francesa, de la que apenas quedó —quizás como simple muestra biológica—, algún que otro duque vivo…

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