La coronación de Pedro III

La coronación de Pedro III

El rito de la coronación era muy similar en los diversos reinos peninsulares y, en cualquier caso, siempre revestía una gran pompa y ceremonia como demuestra, por ejemplo, la coronación de Pedro III el Grande (1240-1285) en Zaragoza, en 1276. Tras ayunar durante tres días, el soberano, en compañía del heredero y de los caballeros principales de la corte, se dirigió a la Seo, donde veló armas durante la noche.

Fue al día siguiente cuando se llevó a cabo la coronación que, en palabras del cronista Bernat Desclot, comenzó con la investidura: «Lo vistieron con camisa, braguero blanco con hebilla de plata, calzas rojas de escarlata y ligas de seda. Se puso una túnica roja y una garnacha con las barras de Aragón. Finalmente, se invistió el manto de armiño».

Tras el rito, el monarca tomó la corona de manos del obispo Bernardo de Olivella y se la ciñó él mismo, para luego depositarla sobre el ara junto con la espada de los reyes de Aragón, calzar las espuelas y permanecer en oración hasta recibir la bendición del prelado.

DEFENSA DE LA FE CRISTIANA

Finalmente, blandió por tres veces la espada en el aire, un gesto simbólico con el que se comprometía a defender la fe cristiana, proteger al débil e imponer justicia. El regreso a palacio se realizó en comitiva entre los vítores de las personas apostadas a lo largo del camino y precedido por una fanfarria. La reina Constanza de Sicilia (1247-1302) fue coronada por su esposo al día siguiente en una ceremonia más breve pero igualmente pública.

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