Memorias de un inútil 3. La infancia remasterizada

Personal — By Antton on Julio 25, 2010 at 20:58

-Txurrutaina, mediamanga, manguetón. ¿Dónde está?
-Iñaki, que me ha tocao encima al gordo Aramburu, que no puedo más.
-Aguanta, que perdemos.

Una cadena es tan débil como su eslabón más débil y como yo era poca cosa los cabrones de Tercero B me habían puesto encima al gordo Aramburu para que me aplastara como a una hormiga y brrrroooooum, toda la melé se vino abajo por donde yo estaba. Hasta entonces tenía sentado sobre mi espalda al gordo seboso pero ahora, además, me estaba aplastando contra el suelo. Cuando ya empezaba a asfixiarme un poquito, sonó el timbre del final del recreo y aquella cosa enorme se levantó de mala gana. Disciplinadamente nos pusimos en filas, por clases, a la distancia de un brazo estirado uno del otro y esperamos a que nos tocara el turno para entrar.

-Eres un inútil. -Me dijo Iñaki por lo bajini, no fuera que le oyera algún cura y se llevara una colleja.

-Ya me hubiera gustado a mí verte aguantando al gordo. –Respondí yo más bajini aún.

Tuve que agradecer al hermano Leoncio (llamado así por sus terribles bostezos, fruto de alguna rara enfermedad adquirida en África, en las misiones según decían) que se acercara a vigilarnos y me librara de la humillación de mis compañeros. Pero aunque no hubiera aparecido, había que aguantar. Con 8 años uno no podía permitirse ser una nenaza, así que si tocaba bronca, tocaba bronca y a otra cosa. Viendo cómo viven los niños de ahora me pregunto cómo los miembros de nuestra generación pudimos sobrevivir, crecer y reproducirnos lo suficiente como para tratar luego a nuestros hijos entre algodones como los tratamos ahora. Vete tú a decirle a tu padre que el hermano Helicóptero te había dado una hostia (ya fuera queriendo o como daño colateral). De rebote te caía otra por gilipollas. Hoy igual el que acaba hostiao es el profe, no ya por tocarle un pelo al niño (que entonces acaba en el paro o en el trullo) sino por ponerle un simple suspenso completamente merecido.

Pero es que además, montábamos en bici sin casco, coderas ni rodilleras, practicábamos los juegos más bestias, como éste en el que me aplastó el gordo Aramburu, conocido en otras partes con el poético nombre de “El burro”, no sé si por la posición de los participantes o porque se hacía el idem. Con cuatro árboles montábamos las cuatro esquinas, eso si no nos subíamos a ellos como monos felices. Nos arrastrábamos por suelos de tierra y barro jugando a las canicas y a las chapas. ¡Pero si ahora los parques tienen el suelo de goma! Y hablando de parques: ¡los columpios eran de hierro! ¡Muchas veces roñosos! Llenos de aristas peligrosísimas y potencialmente asesinas. ¡Por favor!

Desde luego, todo era mucho más arriesgado que ahora. Pensemos en los viajes… Nosotros teníamos un Seat 850. Pero no cualquier Seat 850, no, uno que según mi padre era “Especial Lujo”, que a mí me parecía igual que todos los demás 850. Eso sí, en el colmo de la modernidad tenía un cassette de 8 pistas. ¿Alguno recuerda que existieron unos cassettes especiales, como el doble de gordos que los normales y que iban cambiando de canción con sólo apretar un botón? ¿Esos cassettes que no se podía grabar con canciones del tocadiscos y que sólo se podían comprar a precio de oro? Creo que a partir de ese momento descubrí que la inutilidad es hereditaria: a mi pobre padre le vendieron la moto de aquel equipo ultramoderno junto con un ejemplar de los grandes éxitos de Ray Coniff que teníamos que escuchar una y otra vez porque no había otra cosa.

Y con aquel 850 Especial Lujo, con la cinta de Ray Connif, el equipo de playa, el equipaje y lo que se terciara (una vez fueron dos conejos que nos regalaron) nos íbamos hasta Benidorm sin cinturón de seguridad, sin sillas adaptadas, sin ABS ni GPS ni autopistas ni nada. Y el coche, a pesar de ser nuevo, nos dejaba tirados en cualquier parte, o peor, en absolutamente ninguna parte, en medio de la nada. Como mucho nos consolábamos escuchando “Bésame mucho” a cargo de la magnífica orquesta mientras llegaba la grúa. Y si conseguíamos llegar, nos pasábamos el día en la playa, metidos en el agua, con la colchoneta expuesta a todas las corrientes, mareas y resacas, sin salvavidas de la Cruz Roja (no digamos ya Pamela Anderson) y sin mucha vigilancia… En fin, eran otros tiempos.


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6 comentarios

  1. josefina dice:

    me sigue emocionando…lo vivo segun lo cuentas jajajajaj
    daria cualquier cosa porv haberte visto con 8 añitos debajo de gordo aramburu…joder, k mal suena eso, en fin, tu me entiendes jajajajaaj…
    josefina en su blog… FECHA DE CADUCIDADMy ComLuv Profile

  2. cristina dice:

    Veo que sigues el ejemplo de los programadores de la TV y en verano nos vas poniendo reposiciones, aunque las tuyas por lo menos son de mejor calidad que las elegidas por muchas de las cadenas televisivas.
    Este capítulo de memorias me gustó cuando lo leí por primera vez y me ha divertido de nuevo hoy.
    Un beso!!
    cristina en su blog… SOLEDAD- Fotografía MusicalMy ComLuv Profile

    • Antton dice:

      Ja ja ja… Llevo poniendo reposiciones desde que empecé este blog, allá por marzo. Nada, aguantad, que ya queda poco.

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